Solo una palabra basta para aclamar la libertad
Y perdido en la sombra de su cuerpo,
Su alma se puso a temblar.
Verdad era que ya a nadie debía, que no había pagos,
Deudas ni hipocresía,
Ahora se sentía lleno y con las manos vacías.
Ese destino se cruzó en su camino,
Abriéndole el lecho en una cera fría,
Su amigo más fiel su propia compañía.
Invisible a los ojos de los que tenían,
Su nevera llena y su vida vacía,
Evidente impotencia para el que sentía,
Que con un mundo así ya nada se podía.
Amigo indigente te pido que te pongas en pie,
Yo me uniré contigo y podremos contra él.
Dirigente que tanto diriges,
Comandante que quieres ayudar,
Buscad la causa del problema y no la quieras ocultar.
Sin vergüenzas millonarios, si ¡los grandes propietarios!
Al recordaros también yo siento, siento asco de vuestro dinero,
Y quizás no me de pena vuestro agujero.

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