martes, 7 de junio de 2011

La escuela ideal




A punto de acabar la carrera y entrar en el heterogéneo grupo de “tituladas en busca de empleo” intentamos reflexionar sobre lo adquirido después de tres años en magisterio. Estas reflexiones nos llevan a una última pregunta: ¿Cómo sería una escuela ideal?

Lo primero al plantearnos esta pregunta ha sido, como siempre, buscar en otros sitios la respuesta. (Buscar información).
Comenzando la búsqueda por Internet consultamos foros, y a pesar de que la diversidad de respuestas fue enorme había coincidencias:
- Un buen número de internautas pensaban que una escuela ideal dispondría de recursos tecnológicos suficientes (ordenadores, Internet...) e incluso más de uno apuntaba a que sería semi-virtual o digital, con docencia online.
- Para otros lo ideal sería que no se basara todo en los recursos, es decir, suprimir los libros de texto o limitar su uso, suprimir la burocracia en pos de una escuela más dinámica y participativa.
- Algunos enuncian aspectos más pragmáticos, como que lo ideal serían clases con grupos reducidos, espacios abiertos, instalaciones deportivas, áreas verdes, laboratorios, etc.
- Hay personas que hablan de la necesidad de una escuela multilingüe, o al menos que facilite el aprendizaje de otro idioma -especialmente ingles- de forma funcional. En este ámbito ha habido incluso quien apuntaba a que lo ideal sería la impartición en todo el país (y en carácter optativo) de idiomas como el catalán, el vasco y el gallego, y de lenguaje de signos, para así afianzar y compartir nuestra identidad cultural y facilitar la comunicación con más personas.
- Más de uno pone de relieve la importancia de una escuela en la que el protagonismo de la educación quedara compartido entre padres, alumnos y profesores, es decir, trabajar y colaborar estrechamente con la familia y el entorno educativo, no percibir la escuela como un ente aparte y/o apartado.
- Muchos son los que aluden al aspecto más humano o emocional, quieren una escuela en la que el profesorado esté motivado con su trabajo, y que no se base en el mero traspaso de conocimientos, sino en el traspaso de unos valores. Vislumbran una escuela donde “poder moverse, actuar, elaborar, tocar, hablar...un sitio agradable donde los alumnos pudieran desarrollar todo su potencial. “, “una escuela en la que prevaleciera el respeto mutuo de alumnos y docentes y en la que se valorase el esfuerzo”, “una escuela ideal, prepararía a los alumnos para la vida [...] impulsaría el desarrollo personal y la formación de individuos para la paz, el amor y el bienestar”. 

Lo cierto es que la mayoría de estos reclamos están recogidos, de una forma u otra, en el modelo de escuela que se supone que deberíamos tener en nuestro país -en las leyes educativas-, pero en la práctica las cosas son bien distintas.

La mayoría de nuestras escuelas imparten el mismo tipo de educación: una educación para el sistema (en este caso capitalista), para “fabricar” individuos que funcionen en el sistema. Por ello, y a pesar de que en la teoría la mayoría de los reclamos están recogidos, en la práctica no es así.
Pero, ¿es la escuela  reflejo de la sociedad o la sociedad producto de la escuela? Pues seguramente ambas cosas.
La escuela actual, como la sociedad actual, está basada en última instancia en el miedo. Vivimos en un mundo en que el miedo es el motor de la mayoría de nuestras acciones, relaciones y pensamientos. Tenemos miedo al fracaso, a la soledad, a la pobreza, a la marginación... Miedo a la inseguridad, a los delincuentes e incluso cada vez más a la policía. Tenemos miedo a perder el trabajo, a no encontrar trabajo, a perder la casa, a no poder comprar una casa... Miedo a los extraños, a lo diferente, miedo a los cambios... Tenemos miedo a las enfermedades y a la muerte.  El miedo es el primer motor del capitalismo para que el sistema funcione. Esto se traduce -como hemos apuntado en otras entradas-  en una población más competitiva, individual,  donde los sentimientos son escondidos o reprimidos. Y esto también se ve en las escuelas.

Pero existen  otros modelos de escuela, como por ejemplo los colectivos de escuela libre, fundamentados en el fomento de una educación crítica e integral. En estas escuelas los métodos de trabajo son distintos: se trata de convivir compartiendo las emociones -y no reprimiéndolas-, de asimilar el proceso de enseñanza/aprendizaje como algo divertido e interesante -y no aburrido y obligatorio-, se trata de potenciar las capacidades de cada persona -y no unificarlas en base a un modelo estándar- y de entender que lo “normal” es que todas las personas sean diferentes, -y no adaptar esas diferencias a un patrón establecido-.
Partiendo de las opiniones recogidas, este tipo de escuela podría integrar o incluir muchos de los reclamos vertidos. Sin embargo estas escuelas no abundan, ni son especialmente conocidas, ¿por qué? ¿No creéis que el estado debería favorecer y apoyar el establecimiento de escuelas libres si realmente quiere infundir el espíritu crítico en sus alumnos y no controlar a las masas?

En cualquier caso una cosa está clara: no es nada fácil establecer cómo sería una escuela ideal.

En la carrera nos han hablado de los tipos de escuela, nos han dicho que la labor educativa consiste, en primera instancia, en preparar a los alumnos y alumnas para vivir en sociedad, que deberemos trasmitir nuestra cultura y valores a nuestros alumnos/as, que debemos favorecer la inclusión de alumnos o alumnas con diversidad funcional, que tendremos que trabajar en estrecha colaboración con padres y madres, que intentáramos encontrar recursos paralelos al libro de texto a la hora de impartir clase, que favorezcamos la socialización de alumnos y alumnas, la igualdad, la tolerancia, que incidamos en la educación basada en la autorreflexión y autocrítica del alumnado, para así lograr la consecución de un espíritu crítico en ellos, que no olvidemos los aspectos relacionados con el autoestima y autoconcepto de todos nuestros alumnos; nos han enseñado sobre el papel cómo evitar y/o solucionar conflictos, cómo evaluar, cómo adaptar el proceso de enseñanza/aprendizaje a los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales, cómo aprovechar y adaptar el espacio, cómo incidir y cómo incide el contexto, etc. Nos han explicado las distintas teorías de educación, de psicología, modelos didácticos, de pedagogía... En definitiva se supone que ya estamos preparadas para ponernos al frente de una clase. 
Ahora se nos abre la posibilidad de, como maestras y maestros, llevar a cabo en nuestra parcela lo que creemos cada una y cada uno que es una escuela ideal, de llevar a la práctica todo lo aprendido desde una perspectiva personal. No debemos desmotivarnos, ni dejarnos arrastrar por la corriente que nos rodee, no debemos olvidar qué es para nosotros una escuela funcional, qué es o cómo debe ser la educación desde la perspectiva del maestro, y llevarlo a la práctica en la medida que nos sea posible, revindicando y reafirmando nuestra posición. 
Los cambios globales parten de las transformaciones individuales, así, y como dijo Gandhi, "debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo".

La guerra de los botones.

Os recomendamos esta película que sin duda os hará reflexionar. El film es del año 1962, por lo que refleja parte de la realidad de la época, que en la actualidad resulta controvertida. Además los métodos educativos que se ven resultan "poco ortodoxos", aunque sin duda desgrana conceptos trascendentales como el sentido de la pertenencia a un grupo, la soledad, el miedo...

La película, realizada por Yves Robert, está basada en la novela "La guerre des boutons" (1912), de Louis Pergaud.



- Para descargar:  http://www.peliculasyonkis.com/pelicula/la-guerra-de-los-botones-1962/

domingo, 5 de junio de 2011

Una carta para reflexionar


"Carta a Claudia"
Antes de morir, hija mía, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A DISFRUTAR del amor,
a CONFIAR en tu fuerza,
a ENFRENTAR tus miedos,
a ENTUSIASMARTE con la vida,
a pedir ayuda cuando la necesites,
a permitir que te consuelen cuando sufras,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer valer tus elecciones,
a ser amiga de ti misma,
a no tenerle miedo al ridículo,
a darte cuenta de que mereces ser querida,
a hablar a los demás amorosamente,
a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el crédito por tus logros,
a amar y cuidar la pequeña niña dentro de ti,
a superar la adicción a la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de todos,
a SER CONSCIENTE de tus sentimientos y actuar en consecuencia,
a no perseguir el aplauso sino tu satisfacción con lo hecho,
a dar porque quieres, nunca porque creas que es tu obligación,
a EXIGIR que se te pague adecuadamente por tu trabajo,
a aceptar tus limitaciones y tu vulnerabilidad sin enojo,
a no imponer tu criterio ni permitir que te impongan el de otros,
a DECIR QUE SÍ SÓLO CUANDO QUIERAS Y DECIR QUE NO SIN CULPA,
a vivir en el presente y no tener expectativas,
a tomar más riesgos,
a aceptar el cambio y revisar tus creencias,
a trabajar para sanar tus heridas viejas y actuales,
a tratar y exigir ser tratada con respeto,
a llenar primero tu copa y, sólo después, la de los demás,
a planear el futuro pero no vivir en él,
a valorar tu intuición,
a celebrar las diferencias entre los sexos,
a desarrollar relaciones sanas y de apoyo mutuo,
a hacer de la comprensión y el perdón tus prioridades,
a ACEPTARTE así como eres,
a no mirar atrás para ver quién te sigue,
a CRECER APRENDIENDO de los desencuentros y de los fracasos,
a permitirte reír a carcajadas por la calle sin ninguna razón,
a no idolatrar a nadie, y a mi… menos que a nadie.

Jorge Bucay.

miércoles, 1 de junio de 2011

Con - sentimiento tácito

Consentimiento tácito”. Raro vocablo. Nadie podrá negarme que no se trate de una de esas palabras que usamos diariamente; nada más lejos de la realidad. Es por ello que me decidí, aun conociendo su significado, a saber un poco más de ella.

En primer lugar busqué el término “consentimiento”, descubriendo esta definición de la RAE:
1.      m. Acción y efecto de consentir.
2.      m. Der. Manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la cual un sujeto se vincula jurídicamente[1].

Varios filósofos a lo largo de la historia han rozado de alguna forma este tipo de consentimiento en sus estudios y teorías sobre la sociedad y sus sistemas de gobierno, entre otros Hobbes, Locke y Rousseau[2], pero ninguno de ellos se decidió abierta y frontalmente por su apoyo como legitimación social.

Respecto al estado, el consentimiento tácito supondría aceptar su autoridad por hacer uso de los disfrutes que posibilita, por ejemplo la protección y seguridad personal. Simplemente por un hecho de este tipo uno debe someterse a los principios impuestos por el gobierno; no es nada nuevo que el humano siempre pida algo a cambio cuando da. Si trasladamos el supuesto a los menores e incluso a aquellos que no poseen capacidad para obrar o decidir por sí mismos las implicaciones saltan a la vista, pero como nuestro blog se centra en los temas tabús, y concretamente en los niños, rizaremos aun más el rizo para intentar conocer si la existencia de tales temas en las aulas es  debida a algún tipo de consentimiento tácito por los niños y por tanto causa sui, es decir, causada por ella misma y aceptada por un consentimiento social, intersubjetivo que se da por hecho en cada uno de nosotros sin aparente explicación externa.

Podemos intuir que la existencia de tabús en las relaciones entre menores (por supuesto también entre adolescentes y mayores pero quizá no tanto entre ancianos) no se debe a disciplina, pues muchos casos se nos escaparían; ni tampoco causa demográfica, puesto que incurriríamos en el mismo error. Sin embargo parece plausible la existencia de una norma interna que dé cuenta de esa especie de obligación subjetiva que nos impide hablar de temas tabú. Con ello es cierto que no nos protegemos de nada, que no nos aporta ningún beneficio, en definitiva parece que nada “disfrutamos” haciendo uso de un consentimiento tácito sobre la visión social de no hablar sobre ciertos temas.

Soy consciente, no crea el lector que lo obvio, de que me inclino a pensar  que se trata de una aceptación tácita por parte de los niños. ¿Hay acaso algún grupo más desinhibido a la hora de hablar, expresar, vestir y/o hacer en general cualquier cosa? Su capacidad de asimilación de nuestras normas aun no se ha desarrollado y ya tienen algunas interiorizadas y asumidas en su comportamiento. Podría decirse que se trata de una norma o comportamiento innato, pero ello nos llevaría demasiado lejos, a la vez que demasiado cerca nos ofrecería una respuesta. Innato o no, aceptado o no, consentimos ante tales situaciones sin cuestionarnos el por qué, sometiéndonos a la autoridad, que impone su moral homogeneizante a cada individuo, y sin aparentemente ningún beneficio.

Es por estos motivos que si nos preguntásemos por el sentido de tales actitudes humanas en nuestras sociedades observaríamos que no hay nada peor que el obviarlas como si nada ocurriese. Rectifico, es aun peor el aceptarlas sin saber porqué, sin ser conscientes de ello.


[1] http://www.rae.es/rae.html
[2] Para un mayor conocimiento de las teorías del contrato social véanse:
            -Rousseau, J-J. Del contrato social. Madrid, Alianza, 1992.
            -Hobbes, T. Leviatán. Madrid, Alianza, 1993.
            -Locke, J. Segundo tratado sobre el gobierno civil. Madrid, Alianza, 1996.

La Televisión

Analizamos la relación entre educación y televisión, a partir del final del artículo: ¿Quién es el público y dónde se le encuentra?de Mariano José de Larra.


En primer lugar, el público es el pretexto, el tapador de los fines particulares de cada uno. El escritor dice que emborrona papel, y saca el dinero al público por su bien y lleno de respeto hacia él. El médico cobra sus curas equivocadas, y el abogado sus pleitos perdidos por el bien del público. El juez sentencia equivocadamente al inocente por el bien del público. El sastre, el librero, el impresor, cortan, imprimen y roban por el mismo motivo. Y, en fin hasta el… pero ¿a qué me canso? Yo mismo habré de confesar que escribo para el público. So pena de tener que confesar que escribo para mí.                                                               
Este párrafo viene a decir que la televisión desarrolla su programación pensando en sí misma y más concretamente en o por la publicidad que emite. El público no le importa porque no le respeta.
En segundo lugar, concluyo: que no existe un público único, invariable, juez imparcial, como se pretende; que cada clase de la sociedad tiene su público particular, de cuyos rasgos y caracteres diversos y heterogéneos se compone la fisionomía monstruosa del que llamamos público; que este es caprichos, y casi siempre tan injusto y parcial como la mayor parte de los hombres que la componen; que es intolerante al mismo tiempo que sufrido,  rutinero al mismo tiempo que novelero, aunque parezcan dos paradojas; que prefiere sin razón, y se decide sin motivo fundado; que se deja llevar de impresiones pasajeras; que ama con idolatría sin por qué, y aborrece de muerte sin causa; que es maligno y mal pensado, y que recrea con la mordacidad; que por lo regular siente en masa y reunido de una manera muy distinta que cada uno de sus individuos en particular; que suele ser su favorita la medianía intrigante y charlatana, y objeto de su olvido o de su desprecio el mérito modesto; que olvida con facilidad en gratitud los servicios más importantes, y premia con usura a quién le linsogea y le engaña; y, por último que con gran sin razón querremos confundirle con la posteridad, que casi siempre revoca sus fallos interesados.
Esto quiere decir que la televisión tiende a uniformizar comportamientos, sentimientos, pensamientos, prejuicios, intereses, expectativas… se mueve para la paralización de la razón, y una estrategia relacionada con ello es el índice de audiencia, entendido como consecuencia de un enfoque difuminador de la persona y poco educativo. Como consecuencia de ello, ninguna de aquellas cualidades criticadas del público se atiende o corrige. Más bien, se vale de ellas para su desarrollo.


Como conclusión se puede decir que la televisión puede ser una fuente de posible educación tanto formal como no formal. Decimos posible porque si consideramos la diferencia de potencial educativo entre lo deseable y lo real, el balance es insatisfactorio: la televisión suspende en educación. La televisión es una inmensa fuente educativa bastante desaprovechada, y la realidad social es demasiado desempeorable como para que el medio no reajuste su rol y su función de un modo más útil y eficiente. La educación de la ciudadanía precise de una sinergia constructiva en la que es fundamental la participación sensible y consciente de un medio tan relevante. Quizás sea porque su razón de ser educativas apenas sea iniciada.