“Consentimiento tácito”. Raro vocablo. Nadie podrá negarme que no se trate de una de esas palabras que usamos diariamente; nada más lejos de la realidad. Es por ello que me decidí, aun conociendo su significado, a saber un poco más de ella.
2. m. Der. Manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la cual un sujeto se vincula jurídicamente[1].
Varios filósofos a lo largo de la historia han rozado de alguna forma este tipo de consentimiento en sus estudios y teorías sobre la sociedad y sus sistemas de gobierno, entre otros Hobbes, Locke y Rousseau[2], pero ninguno de ellos se decidió abierta y frontalmente por su apoyo como legitimación social.
Respecto al estado, el consentimiento tácito supondría aceptar su autoridad por hacer uso de los disfrutes que posibilita, por ejemplo la protección y seguridad personal. Simplemente por un hecho de este tipo uno debe someterse a los principios impuestos por el gobierno; no es nada nuevo que el humano siempre pida algo a cambio cuando da. Si trasladamos el supuesto a los menores e incluso a aquellos que no poseen capacidad para obrar o decidir por sí mismos las implicaciones saltan a la vista, pero como nuestro blog se centra en los temas tabús, y concretamente en los niños, rizaremos aun más el rizo para intentar conocer si la existencia de tales temas en las aulas es debida a algún tipo de consentimiento tácito por los niños y por tanto causa sui, es decir, causada por ella misma y aceptada por un consentimiento social, intersubjetivo que se da por hecho en cada uno de nosotros sin aparente explicación externa.
Podemos intuir que la existencia de tabús en las relaciones entre menores (por supuesto también entre adolescentes y mayores pero quizá no tanto entre ancianos) no se debe a disciplina, pues muchos casos se nos escaparían; ni tampoco causa demográfica, puesto que incurriríamos en el mismo error. Sin embargo parece plausible la existencia de una norma interna que dé cuenta de esa especie de obligación subjetiva que nos impide hablar de temas tabú. Con ello es cierto que no nos protegemos de nada, que no nos aporta ningún beneficio, en definitiva parece que nada “disfrutamos” haciendo uso de un consentimiento tácito sobre la visión social de no hablar sobre ciertos temas.
Soy consciente, no crea el lector que lo obvio, de que me inclino a pensar que se trata de una aceptación tácita por parte de los niños. ¿Hay acaso algún grupo más desinhibido a la hora de hablar, expresar, vestir y/o hacer en general cualquier cosa? Su capacidad de asimilación de nuestras normas aun no se ha desarrollado y ya tienen algunas interiorizadas y asumidas en su comportamiento. Podría decirse que se trata de una norma o comportamiento innato, pero ello nos llevaría demasiado lejos, a la vez que demasiado cerca nos ofrecería una respuesta. Innato o no, aceptado o no, consentimos ante tales situaciones sin cuestionarnos el por qué, sometiéndonos a la autoridad, que impone su moral homogeneizante a cada individuo, y sin aparentemente ningún beneficio.
Es por estos motivos que si nos preguntásemos por el sentido de tales actitudes humanas en nuestras sociedades observaríamos que no hay nada peor que el obviarlas como si nada ocurriese. Rectifico, es aun peor el aceptarlas sin saber porqué, sin ser conscientes de ello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario