Hace unas semanas reflexionábamos sobre la idea que trasmitimos a niños y niñas de que la violencia se ataja con violencia. Ahora vamos un pasito más allá. La violencia no sólo sirve para eliminar violencia, también para eliminar “suciedad”.
Las imágenes de la violencia de los mossos en Barcelona no han dejado indiferente a nadie, han inundado informativos, periódicos, etc. y niños y niñas por supuesto también las han visto.
Hoy podemos celebrar que al menos han servido de algo, al menos se ha abierto el debate, al menos el consejo de Europa hará investigaciones -o eso dice-, al menos muchas personas se han puesto a reflexionar.
No queremos esto. No queremos educar en un lugar donde las fuerzas de seguridad en vez de proteger a los ciudadanos y las ciudadanas, los persiguen y atacan sin piedad porque “obedecen órdenes”, en vez de estar al servicio del pueblo están al servicio del mandatario. No podemos permitir esto, no podemos dejar a los niños y niñas al margen de este movimiento ciudadano, basado en la paz y el respeto.Los alumnos/as necesitan modelos en los que verse reflejados, y en estos tiempos esos modelos que podrían tomar no son, en general, dignos de imitación: Políticos, personajes televisivos, etc. en definitiva, los que aparecen en los medios de comunicación. Pero surge este movimiento y lo que se muestran son imágenes de una represión policial sangrienta y feroz.
No podemos permitir que los dirigentes, a los que hemos votado ejerciendo nuestro derecho en el único día del año que nos permiten participar de la democracia, intenten eliminar a golpe y porrazo un sentimiento común de malestar social. No podemos dejar que nos supriman los pocos derechos que en la práctica tenemos: reunión y libre expresión. No podemos dejar que nos callen, ni queremos dejar de escuchar.
Hoy queremos compartir las imágenes amables surgidas de todo esto, pues la cara triste e indignante ya se ha visto en todas partes:
Barcelona resiste
Apoyo a los manifestantes de Barcelona desde Granada
Desde la universidad y en nuestra carrera reflexionamos a menudo sobre la educación, sobre la que hemos recibido, la que tenemos y la que nos gustaría impartir.
Durante los últimos años hemos estado aguantando que se nos acuse de inconscientes, de aletargados, que nos digan que no tenemos ideales, de que sólo ocupemos páginas en periódicos cuando se celebra un macrobotellón, de que nos llamenvagos y aprovechados, de aguantar lecciones de los “adultos” hablando de valores y respeto como si se hubieran encargado de trasmitirnos el significado de esas palabras y las hubiéramos tirado a la basura (después de emborracharnos, por supuesto).
Ahora, y a punto de acabar nuestros estudios, las opciones que tenemos no son muchas. La crisis se ha cebado con los jóvenes, aunque la culpa es nuestra por estar todo el día de botellón.
Pero parece que una bombillita se ha encendido de la noche a la mañana –según los medios, en realidad lleva brillando mucho tiempo-, y ahora nos movemos. Nos congregamos, nos reunimos para compartir aquello en lo que creemos, tenemos unos valores fuertes, creemos en una democracia realy luchamos con lo único que tenemos para intentar conseguir algo: la unión.
Ahora salimos en los periódicos por algo más que un botellón, acampamos en lugares públicos por algo más importante que conseguir entradas para un concierto, llamamos la atención de la gente para mostrar lo que ofrecemos.
Ahora dejamos nuestras diferencias ideológicas a un lado en pos de nuestras semejanzas en ideales. Ahora no nos callamos. Ahora pensamos. Ahora queremos que se nos tenga en cuenta, creemos en lo que hacemos y exigimos nuestros derechos.
¿Por qué nos prohíben hacerlo?¿Por qué nos siguen oprimiendo? ¿Prefieren esa juventud “carente de ideales” de la que tanto se quejaban? ¿Es legal que un a movimiento que, -por mucho que quieran falsear desde algunos medios- no se encuadra en ningún partido político, le prohíban manifestarse públicamente en la calle? ¿Es legal que lo prohíban especialmente en las vísperas de unas elecciones de pantomima en las que somos los últimos monos? ¿Es legal que se amparen en la posibilidad ilusoria de que algunos grupos impidan la consecución del derecho a voto de las personas, cuando uno de los signos de este movimiento es la protesta pacífica? ¿No atenta esto contra las libertades de expresión y reunión a las que supuestamente tenemos derecho?
En la prensa internacional comparan estas protestas con las que acontecieron hace muy poco en Egipto. Entonces TODOS los partidos políticos, colectivos, y demás se llevaban las manos a la cabeza porque un gobierno rechazara y evacuara a la fuerza las manifestaciones pacíficas de sus ciudadanos/as. ¿No están haciendo lo mismo? ¿No están mostrando una vez más su falta de respeto hacia nuestras propuestas, y que no les interesamos para nada? ¿No están más que demostrando que esto de democracia tiene bien poco?
¿Es esta la educación que queremos impartir desde las aulas?
Imagen tomada de 20minutos, de la manifestación en la Puerta del sol, Madrid.
La Clase es una película del director Laurent Cantet , premiada en el festival de Cannes en 2008 y nominada al Oscar ese mismo año. Entre la diversidad de los temas que abarca la película caben destacar algunos como la variedad de actitudes a la hora de abordar un mismo problema, la jerarquía que engloba la sociedad y que se ve reflejada en el complejo sistema educativo y el compendio de actitudes entrelazadas que conforman la complejidad del desarrollo que nos quiere transmitir el autor.
En un primer momento se podría pensar que la multiplicidad de conflictos que tienen lugar en las sesiones impartidas por el profesor de lengua se vienen del conjunto de culturas encontradas en un mismo espacio, al igual que ocurre en nuestras sociedades. Quizá de alguna forma la situación concreta en que se encuadra el film, la Francia actual, es el mejor ejemplo de tal caso. Por todos es conocido que distintos pensamientos y diferentes perspectivas darán lugar a diversos enfoques y valoraciones de un mismo problema. Aunque suponemos que la idea principal que se nos intenta transmitir no transcurre por estos cauces, no por ello dejan de ser relevantes, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de sujetos en pleno desarrollo educativo y con una madurez aún no afianzada. Estos, aún bajo el techo parental no alcanzan a comprender en toda su extensión la importancia de sus actos (en cierto modo, incluso las personas plenamente desarrolladas, si es que las hay, se podría decir que tampoco, aunque tienen una visión de causa-efecto más desarrollada y consecuente)
La multiplicidad cultural que constituye los diversos gobiernos del siglo XXI no ha cambiado mucho con el paso de los siglos. Los sistemas sociales siempre han estado regidos por una clara jerarquización que modela todo el transcurrir de su día a día. Incluso en los sistemas democráticos, por no hablar de anarquismos y comunismos encontramos diferentes estratos en los que situar las fuerzas sociales y roles para un desarrollo estable de la convivencia entre sujetos. En esta obra esto se nos transmite de forma bastante explícita. Así, desde el director hasta los alumnos, hay todo un complejo estructural a través del cual se organiza e intentan resolverse las situaciones que van cobrando lugar. Los problemas que pueden considerarse banales son tratados por la figura del profesor que organiza, modela y acomoda “la clase” con el fin de que esta se desarrolle de la mejor forma posible. Si alguno de los sujetos encuadrados en esta estructura no se ciñe a los mínimos exigidos, la situación desembocará consecuentemente en un estrato superior, en este caso el director. Por encima de éste, aunque bajo su supervisión y dirección se entabla un sistema democrático (con profesores elegidos democráticamente y, supuestamente, en función de su capacidad crítica) los consejos de departamento, en los cuales se deciden los castigos pertinentes en función de los actos del alumno, normalmente graves. La jerarquización de cualquier estrato social tiene una importancia muy relevante por tanto en varios planos del desarrollo de la vida de los individuos por ello, se volverá a este respecto en diversas ocasiones más adelante.
Un importante objetivo de la educación se basa en la enseñanza a los educandos de modelos de convivencia; y es el caso en que la mejor forma de absorber estos modelos es conociéndose a uno mismo. Mister Madamme hace hincapié en este respecto, intentando que los niños lleven a cabo un trabajo de introspección, a través del cual se abran a sus compañeros, lo que conlleva un esfuerzo personal así como una iniciativa propia de formar parte de un determinado grupo social. Si transportamos esta reflexión fuera del aula y la enfocamos al desarrollo de la vida social, observamos claros paralelismos. Por todos es conocido, en unos casos la dificultad y en otros la propia negación de algunos sujetos a su socialización, en cuyo caso normalmente dichas actitudes estarán acompañadas de castigos o sanciones. La exclusión quizás la más difundida, es un caso palpitante actual, aunque bien es cierto que tal situación no es querida por los sujetos que la padecen. En este sentido se da un caso concreto en el film: ante diferentes causas que dan lugar a un mismo efecto (la repatriación de un alumno) se adoptan diferentes actitudes, aquel sujeto que posee un claro interés en el aprendizaje, es objeto de un mayor interés por parte del profesorado en tanto que su futuro está en juego. En el caso del alumno maleducado y que transgrede las normas, se adopta una actitud totalmente contraria: aunque su futuro está en juego (seguir en Francia o volver a Mali, lo cual implica una diferencia cualitativa y cuantitativa), predomina la valoración de su actitud en un momento determinado a la hora de ser juzgado, aun a riesgo de marcar negativamente su futuro. ¿Por qué entonces un método de castigo tan estricto? ¿No está este hecho en claro parentesco con la reclusión de sujetos en celdas con fríos barrotes aun a sabiendas de que esto aleja aún más su reinserción en el sistema social? Lo importante parece ser una vez más arrancar las malas hierbas de raíz; la importancia del todo sobre las partes; la desintegración del yo en el nosotros: la desaparición de la alteridad. ¿Es por tanto necesaria una transformación social? ¿Debemos tener en cuenta la praxis histórica a fin de desarrollar una sociedad más justa?
Otro tema a destacar es la actitud del alumnado hacia la educación; la sensación que tienen de que las diversas materias educativas no conllevarán ninguna repercusión en el desarrollo de su vida fuera del ámbito académico. Al igual que las sociedades se desarrollan, los individuos que la conforman también. Así, las inquietudes de éstos, que modifican con el paso de los años, siendo imprescindible que el desarrollo de las diversas enseñanzas cambie con ellos. No nos parece fuera de lugar el pensar que la falta de interés de los educadores hacia los educandos devenga de la falta de iniciativa hacia el aprendizaje propia de las sociedades actuales. Pero tampoco es desmesurado afirmar que aquellos son partícipes en la citada falta de interés: al igual que si no te atrae el jugar a fútbol no pondrás especial interés en practicarlo, tampoco aquellos aprendices que no les interesen las matemáticas, de alguna otra forma la dejarán de lado. La inferencia es clara, del mismo modo que también se nos presenta de forma clara y distinta la solución: la viabilidad del sistema educativo y el éxito del mismo pasa por un refuerzo de las capacidades del profesorado a la hora de hacer más interesante a la vez que resaltar el espíritu práctico de sus enseñanzas. El interés mueve el corazón y éste es movido además por deseos. Por tanto el conocimiento debe ser comprendido, ayudado por la actitud de los profesores, como un interés indispensable para el desarrollo de la vida en sociedad. No es suficiente informar a un niño de diez años de que le será indispensable poseer un título de graduado escolar para desempeñar el trabajo de barrendero en la barriada de su ciudad, pero si el saber se le presenta de forma atractiva y en función de sus motivaciones e inquietudes, como es el caso del proyecto educativo “filosofía 3/18”, los resultados saltan a la vista. A este respecto cabe resaltar, con importancia primordial, la importancia del círculo familiar, que aun sin ser determinante influye sobremanera en la actitud, ya sea positiva o negativa, que adoptará el niño ante la diversidad de situaciones a las que se verá abocado tomar una decisión. A raíz de esta perspectiva, ¿es preminente la información y formación cultural familiar? Sin duda se trata de un tema en alza y discusión a la hora de afrontar los cambios en los sistemas educativos de los países desarrollados. Nada nuevo desocultamos al afirmar que si los niños ven a sus padres con un libro entre las manos estarán tentados a seguir el ejemplo, de la misma forma que si observan una actitud agresiva en su entorno familiar muy posiblemente su personalidad refleje tales patrones de comportamiento.
En resumen, la implicación entre las principales áreas que componen el desarrollo y la vida de los sujetos y que aquí han sido tratadas – familia, sociedad y educación – componen lo que debe ser el principal ámbito de estudio para una mejora significativa y necesaria tanto del marco personal y privado como del social y público. La relación entre estas áreas debe dejar espacio para que, en unos casos, se den por separado y en otros, a su vez, interactúen mutuamente y en consonancia según las circunstancias concretas. El papel educativo desde el nivel de los estudiantes hasta su extremo opuesto (entiéndase aquí a profesores, directores, y yendo más allá altos cargos del gobierno) debe ser revisado y asegurar una mejora consustancial con carácter necesario, urgente y a través de procesos consensuados que aseguren el mejor funcionamiento de los citados pilares sociales.
"El dominio de un idioma es imposible sin la práctica". Así se titula esta entrevista a Jennifer Murray, profesora de inglés en nuestro país con más de dos décadas de experiencia.
En los últimos años se están imponiendo las escuelas bilingües como una moda en nuestro país.
Según los defensores de esta tendencia, es bueno que los niños se eduquen en más de un idioma –principalmente en inglés- porque así ven favorecido el aprendizaje de dicha lengua en su edad adulta. Estas teorías tienen su base en la plasticidad cerebral, según la cual es más fácil asimilar conceptos nuevos y aprender en la infancia, pues las conexiones neuronales son mucho más numerosas en esta etapa de la vida.
Hay personas que se resisten a matricular a sus hijos en escuelas bilingües por distintos motivos:
- Menor nivel educativo en cuanto a contenidos.
- Pérdida de la identidad cultural al impartir asignaturas en otra lengua (por ejemplo Literatura o Conocimiento del medio)
- Dudas acerca de la formación del profesorado, ¿es mejor disponer de profesores nativos o formados en España?
En lo que la mayoría de madres y padres parecen estar de acuerdo es en lo oportuno de que sus hijos dominen la lengua anglosajona además de la lengua patria, el debate más bien se sitúa en cómo aprenderlas.
Hay padres que prefieren despertar el interés de sus hijos en otras lenguas por métodos más lúdicos que didácticos. Por ejemplo, poniéndoles dibujos y películas en otros idiomas, libros y juegos de mesa, etc.
¿No nos corresponde eso a nosotros, maestros y maestras? ¿No debemos motivar e interesar a nuestros alumnos y alumnas a conocer otras formas de comunicación? ¿No debemos educar –respecto a cualquier cosa- desde la motivación en vez desde la imposición?
El currículo oficial parece estar encaminado a conseguir objetivos de tipo idiomático, pero en la práctica comprobamos que esto resulta insuficiente. Según los últimos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 63% de los españoles no sabe hablar correctamente el inglés. Esto supone un hándicap para desarrollarnos en un mundo cada vez más globalizado, para buscar un trabajo en el extranjero –algo habitual en estos tiempos de crisis-, etc. La cuestión es que ahora, a universitarios con una formación en idiomas insuficiente, se nos exige un dominio del que carecemos. Esta situación no beneficia más que a academias e institutos de idiomas, pero como futuros docentes lo que ahora nos preocupa es procurar que esto deje de suceder en el futuro. Además, teniendo en cuenta este hecho ¿creéis que estamos preparados para dar clase en una escuela bilingüe?
¿Creéis necesario que los niños aprehendan inglés desde la infancia? ¿Debería implantarse el bilingüismo en colegios públicos, o simplemente favorecer el dominio del inglés como un complemento de formación? ¿En ese caso, de que forma se podría realizar ese aprendizaje de manera efectiva?
Solo una palabra basta para aclamar la libertad
Y perdido en la sombra de su cuerpo,
Su alma se puso a temblar.
Verdad era que ya a nadie debía, que no había pagos,
Deudas ni hipocresía,
Ahora se sentía lleno y con las manos vacías.
Ese destino se cruzó en su camino,
Abriéndole el lecho en una cera fría,
Su amigo más fiel su propia compañía.
Invisible a los ojos de los que tenían,
Su nevera llena y su vida vacía,
Evidente impotencia para el que sentía,
Que con un mundo así ya nada se podía.
Amigo indigente te pido que te pongas en pie,
Yo me uniré contigo y podremos contra él.
Dirigente que tanto diriges,
Comandante que quieres ayudar,
Buscad la causa del problema y no la quieras ocultar.
Sin vergüenzas millonarios, si ¡los grandes propietarios!
Al recordaros también yo siento, siento asco de vuestro dinero,
Las escuelas, llevando a cabo su función educativa, participan en la socialización. Si entendemos socialización como proceso por el cual los individuos se adaptan a vivir en sociedad, no debemos obviar que cada sociedad se rige por una política social y económica, que supuestamente es reflejo de los intereses individuales de cada uno de los componentes del pueblo, es lo que podríamos llamar una personalidad completa.
Sería lógico admitir que en una sociedad capitalista se tenderá a fomentar unos valores educativos acordes al capitalismo, el problema es dónde están fundamentados esos valores.
El modelo capitalista construye ciudadanos obedientes, respetuosos, sumisos, ya que desde la escuela estas van a ser las cualidades premiadas, todo bajo el nombre y el ideal de igualdad. Pero el capitalismo en si, como sistema, divide a todos los individuos considerando el libre mercado y la ambición en las personas humanas como método de vida.
Así, desde las escuelas se ambiciona a la clase dominada para que puedan dominar, y no se estimula la conciencia de educar en el amor o la libertad, sino más bien en el poder y la ignorancia. Por tanto aquí el concepto de igualdad está más encaminado a promover entre todos los mismo ideales de dominio, alegando que todos tenemos las mismas oportunidades, pero no resuelve sino agrava la problemática real. (Se convence al dominado de que puede estar en el otro lado, pero no se resuelve el problema de que tenga que haber un dominado.)
Así, este ideal de igualdad se desvirtúa, promoviendo una estandarización de individuos que en realidad estarán convencidos de que siguen sus propios deseos. Sería una igualdad no individualizada, pues en la sociedad capitalista contemporánea, igualdad significa, igualdad de los autómatas, de hombres que han perdido su individualidad. ¿Es entonces un reflejo real de los intereses individuales de cada uno de los componentes? Sí, si aceptamos esta concepción de individualidad.
Esta concepción debe ser así para que los individuos funcionen en el propio sistema, pero en la actualidad nos percatamos de que esos mismos valores están haciendo que el sistema se tambalee más de lo esperado. En los países capitalistas ahora, la clase alta económica considera que las escuelas fracasan en la producción de trabajadores sustentadores del sistema. Los licenciados se quejan de no encontrar puestos laborales en los que desarrollar sus capacidades, y emigran a otros países. Estamos sumidos en el índice de paro más alto de nuestra historia, con un gobierno socialista. No hay personal cualificado, según las empresas, y no hay puestos de trabajo, según los profesionales.
¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos llevando a cabo la labor docente influenciada por un sistema que provoca estos “atascos”? ¿Seguimos aceptando además del curriculum oficial el curriculum oculto que llega a nuestros alumnos a través de otros factores?
Por mucho que como docentes pretendamos formar a individuos libres y respetuosos, es imposible evitar la influencia que el resto de agentes socializadores tienen sobre los niños y niñas.
¿Seguimos intentado ser objetivos y evitando que nuestras propias percepciones influyan en el curriculum oculto del que hablamos?
¿Es la escuela la que influye en la sociedad? O ¿la sociedad es la que influye en la escuela?
El mundo se despierta hoy con una gran noticia: el asesinato de Osama Bin Laden. La fotografía de la supuesta cara del terrorista destrozada se exhibe en las primeras páginas de periódicos y en los informativos, EE.UU. se apunta el tanto y el resto de mandatarios lo felicitan.
¿Qué tiene que ver esto con la educación? Pues mucho.
Niños y niñas de occidente han visto hoy esa fotografía, y asimilan la idea de un nuevo mundo de paz basado en el asesinato de una persona. Una persona que utilizaba la violencia para lograr sus objetivos sí, pero al fin y al cabo entienden que la violencia se ataja con violencia.
Ven además como sus países se sumergen en guerras para lograr la paz. Pero no podemos obviar la realidad de que esta paz lleva añadida la palabra económica irremediablemente.
No podemos esperar que la prensa cambie, que omita imágenes crueles y admita hechos más objetivos.
A la escuela le compete lidiar con esta marabunta de conceptos que los alumnos absorben de fuentes tan diversas, evitar confusiones y que canalicen esas ideas y las pongan en práctica en la cotidianidad. No debemos permitir que los alumnos y alumnas entiendan que “hay violencia justificada”, y menos aún si el fin de dicha violencia es en el fondo un fin económico.
Pero ¿cómo lograrlo? ¿Cómo podemos los docentes enfrentar esta problemática?