Las escuelas, llevando a cabo su función educativa, participan en la socialización. Si entendemos socialización como proceso por el cual los individuos se adaptan a vivir en sociedad, no debemos obviar que cada sociedad se rige por una política social y económica, que supuestamente es reflejo de los intereses individuales de cada uno de los componentes del pueblo, es lo que podríamos llamar una personalidad completa.
Sería lógico admitir que en una sociedad capitalista se tenderá a fomentar unos valores educativos acordes al capitalismo, el problema es dónde están fundamentados esos valores.
El modelo capitalista construye ciudadanos obedientes, respetuosos, sumisos, ya que desde la escuela estas van a ser las cualidades premiadas, todo bajo el nombre y el ideal de igualdad. Pero el capitalismo en si, como sistema, divide a todos los individuos considerando el libre mercado y la ambición en las personas humanas como método de vida.
Así, desde las escuelas se ambiciona a la clase dominada para que puedan dominar, y no se estimula la conciencia de educar en el amor o la libertad, sino más bien en el poder y la ignorancia. Por tanto aquí el concepto de igualdad está más encaminado a promover entre todos los mismo ideales de dominio, alegando que todos tenemos las mismas oportunidades, pero no resuelve sino agrava la problemática real. (Se convence al dominado de que puede estar en el otro lado, pero no se resuelve el problema de que tenga que haber un dominado.)
Así, este ideal de igualdad se desvirtúa, promoviendo una estandarización de individuos que en realidad estarán convencidos de que siguen sus propios deseos. Sería una igualdad no individualizada, pues en la sociedad capitalista contemporánea, igualdad significa, igualdad de los autómatas, de hombres que han perdido su individualidad. ¿Es entonces un reflejo real de los intereses individuales de cada uno de los componentes? Sí, si aceptamos esta concepción de individualidad.
Esta concepción debe ser así para que los individuos funcionen en el propio sistema, pero en la actualidad nos percatamos de que esos mismos valores están haciendo que el sistema se tambalee más de lo esperado. En los países capitalistas ahora, la clase alta económica considera que las escuelas fracasan en la producción de trabajadores sustentadores del sistema. Los licenciados se quejan de no encontrar puestos laborales en los que desarrollar sus capacidades, y emigran a otros países. Estamos sumidos en el índice de paro más alto de nuestra historia, con un gobierno socialista. No hay personal cualificado, según las empresas, y no hay puestos de trabajo, según los profesionales.
¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos llevando a cabo la labor docente influenciada por un sistema que provoca estos “atascos”? ¿Seguimos aceptando además del curriculum oficial el curriculum oculto que llega a nuestros alumnos a través de otros factores?
Por mucho que como docentes pretendamos formar a individuos libres y respetuosos, es imposible evitar la influencia que el resto de agentes socializadores tienen sobre los niños y niñas.
¿Seguimos intentado ser objetivos y evitando que nuestras propias percepciones influyan en el curriculum oculto del que hablamos?
¿Es la escuela la que influye en la sociedad? O ¿la sociedad es la que influye en la escuela?

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