miércoles, 6 de abril de 2011

La huella ecológica



Vivimos en un país de esos que llaman del primer mundo, un país DESARROLLADO –económicamente hablando, por supuesto-. Nuestra educación, la que recibimos (e impartiremos) en las aulas, es un reflejo de nuestra cultura: una cultura consumista.
El consumo, o la educación del consumidor, es un tema que habitualmente se integra en el currículo con carácter transversal desde la Ley Orgánica de Educación (LOE 2006) y los Reales Decretos que establecen las enseñanzas comunes de las distintas etapas.
¿Es esto suficiente? ¿Es suficiente dedicar unas jornadas escolares a este tema? ¿Es suficiente abordarlo en algunas unidades didácticas de otras materias?
Desde distintos organismos, entidades y colectivos, se nos ofrece material didáctico para aplicar en las aulas, y se nos insta a enseñar (y aprender) un consumo responsable.

Todo esto en nuestro primer mundo.

Pero en esos países que llaman subdesarrollados –económicamente hablando, por supuesto- muchas personas apenas pueden consumir, no necesitan aprender que es mejor comprar la verdura a granel en vez de ya cortada y envasada para reducir el consumo de envases plásticos y ahorrar dinero, porque básicamente no tienen acceso a ellos. 
¿Es este un tema transversal en nuestros currículos? ¿Enseñamos y aprendemos de forma efectiva que en otros lugares no tienen recursos? ¿Sabemos trasmitir que nuestros actos y elecciones afectan directamente a que estas personas tengan o no las mismas oportunidades que nosotros?

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